jueves, 10 de enero de 2019

Nadadores de Selección.

Del libro "A Vista de Gaviota" .                                                    
Ciclope Editores. Joaquín Nieto


                                      Piscina Julio Navarro. Foto tomada de La Provincia.es



Cuando llegaba la noche, la Piscina Julio Navarro era el lugar preferido de los miembros de la Banda del Cerepe. A esas horas, desaparecía la práctica oficial y llegaba la libertad. En ese tiempo oficial y con el rigor del entrenamiento, sólo contados cerepes, acudían a someterse a las variadas disciplinas de la natación, pues si es cierto que algunos pasaron por distintos clubes, lo apetecible para ellos era la aventura de la pesca submarina, sin olvidar que en la modalidad de saltos Angelito el Rubio y Juan el Moreno pujaban por estar entre los mejores saltadores.
 
El complejo deportivo provocaba una actividad constante. Los clubes que tenían adjudicados ‑Alcaravaneras y Unión Deportiva Las Palmas- se disputaban la primacía y el privilegio de desear contar en sus filas con los mejores nadadores y cuando llegaba la competición, aunque fuera local, y se acercaran los del Club Natación Metropol el elenco de nadadores, campeones nacionales y europeos, que allí se reunían, hacían las delicias de la chiquillería. En sus retinas, siempre quedarán las excelencias de nadadoras como Rita Pulido y las hermanas Martín entre las féminas, y Nazario Padrón, los hermanos Lang Lenton y Cabrera, entre los hombres.
Como se dijo anteriormente, la otra práctica, la no oficial, la realizaban los de la Banda del Cerepe una vez  finalizaban las oficiales, o sea de noche y, por tanto, con la escasa luz que aportaba la luna. Ataviados con bañadores -los que venían preparados para lo ocasión-, o sin ellos, el juego preferido era la cogida, pero en el agua y con los trampolines y palanca como recursos. La alegría era desbordante y el escándalo mayúsculo y aunque las voces y risas llegaran a todos los rincones del barrio, tenían la confianza y amistad de los serenos, por lo que la tranquilidad era absoluta.
En una ocasión, los operarios vaciaron la piscina y comenzaron con el tratamiento de cloración y pintura, lo que les llevó una semana. A la vez, otros empleados engalanaron todo el complejo y colgaron en los muros de acceso y en el bar restaurante los carteles que anunciaban el “Campeonato de Europa de Natación”. Los chicos no se lo podían creer, por fin verían a los legendarios nadadores del continente, así que la noticia corrió como la pólvora. Luego, con la reflexión, les embargó una sola inquietud: ¿la entrada sería gratuita?
El correr del tiempo se hizo interminable, pero al fin llegó el día deseado. Las selecciones nacionales de los países europeos habían ido llegando y con ellos la española, entre los que había una abundante representación canaria. Las autoridades hicieron acto de presencia y se dio por inaugurada la competición. La asistencia de público, ese día y el resto, fue masiva y entre ellos naturalmente estaban los cerepes que usaban como “pase de privilegio” un rasgón producido intencionadamente en la base de la valla metálica exterior del recinto y que, una vez realizaba su cometido, se volvía a disimular con es- mero. Después, sentados en las gradas preferentes, animaban sin desmayo a los nacionales y como no, a la selección sueca femenina.
Las nadadoras suecas eran rubias como el oro y muy guapas. Luego, con el paso de los días, embellecieron por los efectos del sol canario. Así que, por las condiciones de ser buenas nadadoras y hermosas señoritas, los estímulos les llegaron pronto desde las gradas, al menos desde los asientos ocupados por los de la Banda del Cerepe, que voceaban al unísono los nombres de cada una de las chicas y sus aplausos sonaban con más fuerza. Y comoquiera que la expedición escandinava estaba hospedada en el Hotel Metropol, el traslado lo hacían caminando y bien acompañadas, a pesar del disgusto de los suecos que no veían con buenos ojos la presencia de los canarios alrededor de sus bellas chicas.
A los pocos días, las atenciones de las chicas se fueron diluyendo y entraron en la indiferencia más absoluta. Ya los gritos de ánimo no eran correspondidos con sonrisas y gestos de agradecimiento. Ni siquiera pudieron acompañarlas en el regreso al Hotel, pues alquilaron una guagua que transportaba a todos los seleccionados y equipo técnico. El cambio fue brusco y los cerepes lo notaron. No hizo falta estrujarse la cabeza pensando qué motivo había influido para el cambio de actitud, pues a la vista estaba que los entrenadores habían llamado la atención a las nadadoras como consecuencia de las quejas de sus compañeros. El enfado fue mayúsculo y llegaron a la conclusión de que deberían vengarse. Así que, a la mañana siguiente, durante el entrenamiento de la selección escandinava y pensando cómo desquitarse de los “vikingos celosos”, surgió la fórmula.
                            Rita Pulido. Foto tomada del Blog la "Historia de la Natación en Canarias" de R. Reyes.
 Los nórdicos usaban, durante las pruebas, unos bañadores cortos de color limón y de una tela muy especial que se ajustaba al cuerpo para no oponer resistencia. Sólo los utilizaban en competición y para mejorar marca, pues para entrenar tenían otros de menor calidad, así que, una vez que realizaban su función, los tendían al sol en la parte posterior de los trampolines. Jero y Quino se percataron de la  dinámica y acordaron actuar. Así que, en un descuido, incluso de sus propios compañeros, pasaron por el secadero y se echaron dos bañadores a los bolsillos. Luego, lo comentaron con el resto y mostraron sus excelencias. No pasó mucho tiempo para que desapareciera la saca donde se guardaban todos los bañadores de competición. La consecuencia fue que tuvieron que nadar el resto del Campeonato de Europa con los de entrenamiento.
No hubo más contacto con las chicas y el día de la clausura algunas de ellas se despidieron con pícaras sonrisas, gestos interpretados por la Banda del Cerepe como de conocimiento y aprobación de la trama llevada a cabo.
La clausura cerró el Campeonato de Europa de Natación, pero aquella misma noche, en la Piscina Julio Navarro, hubo desfile oficial de la Selección de  Natación de la Banda del Cerepe. Uniformados con los bañadores verde limón, y al compás del pasodoble Islas Canarias, unas veces tarareado y otras silbado, dieron dos vueltas alrededor de la piscina, una en homenaje a las bellas suecas que les habían prendado y otra en agravio y burla de sus compañeros ”vikingos celosos” que habían acabado con sus ilusionados proyectos.

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