lunes, 9 de julio de 2018

Verano. De Ciudad Jardín a Las Canteras.



Y así, desde Ciudad Jardín era cada año, siempre que no fuéramos para Gaucín (Málaga) o Los Bermejos (Lanzarote). A Las Canteras tres meses era el plan familiar con un solo fin de disfrutar con toda la familia Y cuando digo toda era toda, los procedentes de Gran Canaria y también de Tenerife. Allí en aquella casa de la calle Bolivia nos reuníamos más que los que cabíamos, pero no nos importaba, éramos felices. Un rincón, un colchón, un catre o una litera eran suficiente para descansar. La comida en el comedor con vistas a la playa. Por cierto, aquella humilde casa tenía una entrada principal por la calle Bolivia, todavía no asfaltada, y una salida para la playa bajando por una escalera que descansaba en la misma arena de la Ciccer. Tampoco estaba hecha la avenida ni tuvimos problemas jamás para dejar la caseta a nuestra disposición durante todo el varano. Eran otros tiempos con menos preocupaciones. 

Acabo de encontrar esta foto y no dejé pasar la oportunidad de subirla al blog. Ya sé que faltan muchos miembros de la familia, pero los primos que andan por aquí, aunque algunos no se vean en ella, les va a encantar recordarla. Mi tío Quino me acoge, como siempre hizo entre sus brazos. Cuando nací él tenía diecisiete años y corrió como un loco a buscar a la partera, cuando vivíamos en La Isleta, recién llegados mis padres de Lanzarote. Mis primeros pasos los di agarrado a su mano en esa casa que ustedes ven en la imagen. Ahora está mayor, pero fuerte, gracias a Dios. En el otro lado destaca mi tío Antonio con su bigote, tal como se estilaba entonces. Con él he vivido días muy felices. También lo adoro. Ellos dos son los que quedan de los Reguera, hermanos de mi madre (a la derecha de la foto). Mis otros dos hermanos, Pepe (DEP) y Carlos Juan se sumaron a la instantánea. Dejo a los primos que se presenten o aclaren sus identidades.

Esta era la humilde casa, les dije, y una humilde familia de gente trabajadora y honrada que soñaba con la llegada del mes de julio para encontrarse en aquel paraíso familiar. Se confirma aquello de que no hace falta mucho para disfrutar de nuestra existencia.

     

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