domingo, 22 de enero de 2017

Las postales de los buques en los sesenta.


                                        Foto tomada de La Provincia/ Diario de Las Palmas

Ya no suenan de madrugada las sirenas de los buques anunciando su llegada al Puerto de La Luz y de Las Palmas de Gran Canaria. Es como si no hubiera puerto, ni tampoco a quienes dar la alegría por visitarnos. Desaparecieron en el tiempo. Ahora en las noches silenciosas solo se oye el ruido de los grandes contenedores, cuando son movidos o arrastrados, vete a saber, por esas estructuras esqueléticas que han empañado la entrañable vista de nuestra bahía. 

La canción El Tartanero que compusiera Andrés Viera Plata en mil novecientos sesenta y popularizara  Mary Sánchez y los Bandama hacía mención al atraque cada lunes del Castle y los martes del Yewoard ( "Hoy es lunes, llega el Castle y mañana llega el Yewoard", decía el estribillo). Ya no hay canciones que recuerden que ahí enfrente está el puerto y que está abierto a visitas para ofrecerles nuestra hospitalidad. Ahora nos enteramos de que llegan los grandes buques porque se dibujan casi arrinconados ocupando las dársenas y las calles se llenan de rubios visitantes de unas horas. Todo es distinto.

                           Foto tomada de la publicación 100 años de pasajes en el Pueerto de Las Palmas de José Ferrera Jiménez

En los años sesenta la chiquillada nos desplazábamos a la calle León y Castillo, en el mismo Ciudad Jardín, a ver maniobrar al práctico ayudando a los buques a atracar en puerto. Es más, en una época pusimos de moda coleccionar postales de aquellos barcos que para nosotros eran verdaderas joyas. Las íbamos a buscar a las consignatarias y allí nos las entregaban para en un ritual colocarlas en álbumes de creación casera que embellecíamos para el orgullo de los pequeños coleccionistas. Los señores empleados de la consignatarias, cuyas representaciones estaban situadas en el Parque de Santa Catalina, y las calles Sagasta, Juan Rejón y La Naval, nos conocían de tanto pasar por allí y acabaron por llamarnos por nuestros nombres de pila.

La Elder Dempster (Canary Islands) Ltd. estaba situada en el Parque de Santa Catalina. Allí conseguíamos las postales de los Castle. Eran las más preciadas. Recuerdo los nombres de los buques de la Compañía Union-Castle Line de memoria: el Pendennis Castle, el Windsor Castle, el Capetown Castle y el Pretoria Clastle.  La primera vez que llegó el Queen Mary procedente de  Southampton creo recordar que fue en 1963. El arribo a puerto fue por la mañana, temprano, era impresionante con sus tres chimeneas y causó una gran expectación en la ciudad. Al no tener postales en la consignataria tuvimos que desplazarnos caminando al puerto, donde unos marineros nos consiguieron el trofeo que deseábamos, pues no nos permitieron subir a bordo. Recuerdo que nos visitaría muchas veces más, pero para entonces ya teníamos postales repetidas. De su misma serie era el Queen Elizabeth, aunque menor, pues tenía solo dos chimeneas.

Eran muy preciados los buque italianos de la Linea Costa, el Andrea Costa y el Federico Costa. Y aquellos que no hacián escala en nuestro puerto y cruzaban otros mares también lo solicitábamos a agencias de viajes como Wagons Lits Cook que estaba situada cerca del Colegio Salesiano en el propio Ciudad Jardín.

                     Foto tomada de la publicación 100 años de pasajes en el Pueerto de Las Palmas de José Ferrera Jiménez

La línea con la Península estaba cubierta con los buques de la Trasmediterránea, que por cierto alguno tuve que usar para desplazarme a visitar a mi familia en Andalucía. Recuerdo el Ciudad de Cádiz, el Ernesto Anastasio y el Ciudad de Oviedo. Allí mismo en el Parque de Santa Catalina nos atendían para regalarnos las postales.

                                                             Foto de la Compañía Trasmediterránea

Con esas postales nos sentíamos viajeros y soñábamos visitar otras países del mundo. Tuve mucho tiempo esa colección hasta que debió perderse cuando dejamos Ciudad Jardín. Me quedó una gran tristeza por la pérdida y siempre la he recordado con gran cariño, pues ya se sabe del vínculo amoroso de los canarios con el mar. 

Seguramente, cosas de chicos de otros tiempos.








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